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¿Narrar desde la parodia o la autocomplacencia de lo parodiado?

Uno de los realizadores más importantes del cine contemporáneo es, sin lugar a dudas, el provocador Robert Ostlund. El realizador sueco debutó en el largo de ficción en 2015, con la cinta Fuerza mayor», una inquietante historia sobre un padre de familia que deja abandonado a sus hijos y esposa durante una avalancha de nieve que pone en peligro la vida de los huéspedes de un hotel de lujo que acoge a vacacionistas que practican el alpinismo. The Square», su segundo largometraje de ficción fue estrenada el pasado año en el Festival de Cannes y resultó ser merecedora además de la «Palma de Oro». El filme nos propone una sátira sobre el convulso y polémico ámbito del arte contemporáneo. La historia del filme se centra en Christian, un mánager y curador que dirige una galería y busca de alguna manera financiamiento para sus proyectos. La galería prepara el lanzamiento de una instalación titulada «The Square», que intenta conmover y hacer, a la vez, una llamada al altruismo tan en crisis en sociedades como éstas.


Este segundo largometraje de ficción es en esencia una película que nos propone más interrogantes que respuestas, cinta pretenciosa que tiene en su excesivo metraje una de los tópicos que atentan contra su posible decodificación. Esta sutil parodia del  arte contemporáneo y reflexión añadida sobre la condición humana y la vida en sociedades súper desarrolladas como Estocolmo y otras ciudades del primer mundo, ponen el dedo en la llaga sobre conflictos inherentes a la falta de humanismo, la insensibilidad, incomunicación y disfuncionalidad del ser humano que se desconecta de lo esencial hasta convertirse en un ser enajenado, donde los valores son puestos a prueba en situaciones cotidianas como el auxilio a otro semejante que no logra conmover a nadie en caso de ser socorrido en una situación determinada. «The Square», la instalación, es un llamado a la solidaridad, a la necesidad del hombre de sentirse apoyado, escuchado, de sentir que la confianza en el prójimo es necesaria para una sana convivencia, en un universo contemporáneo signado por la incomunicación y el dominio de las redes sociales. La historia de Christian, el apuesto galerista, seductor, padre de dos hijas y centro del conflicto es el pretexto para discursar sobre temas inherentes al arte, su misión más allá de las frías paredes de una galería y la necesidad de reflexión sobre lo que pudiera provocar la manipulación de las redes y canales de promoción, apelando a la violencia si fuera necesario para vender el producto artístico sin importar el daño que pudiera ocasionar en sectores desprotegidos como pudieran ser los indigentes, los niños entre otros.


La cinta tiene en su propuesta conceptual ingredientes más que sustanciosos para la polémica: la fría relación amorosa del apuesto galerista en un romance de una noche, y su indolencia posterior cuando decide obviarla sin que medie la más mínima comunicación; la soledad de esta joven y su falta de comunicación con el semejante, teniendo un chimpancé como única conexión con la realidad; el conflicto que provoca este joven aparentemente sensible y educado cuando prácticamente acusa a todo un edificio por la pérdida de su billetera y celular. Es el título de la instalación mero pretexto en la historia para hacernos reflexionar sobre un convulso universo donde el hombre se convierte en lobo del hombre, ejemplo de ello es la performance titulada «La jungla». ¿Dónde está la verdadera jungla? ¿En la selva o en la propia realidad de sociedades enajenantes y desconectadas de la verdadera esencia del ser humano? ¿Cuánto hemos evolucionado desde los primates hasta la contemporaneidad? ¿Hace una sociedad signada por el dictado de las redes sociales que seamos seres más informados, más comunicados, sensibles de la verdadera esencia del ser humano? La riqueza de una clase social, la supuesta cultura y modales, ¿acaso la hacen merecedora de valores humanos capaces de convivir en armonía con sus semejantes y vivir una vida humana entre los hombres?


«The Square» es un santuario que intenta promover la confianza y el altruismo siendo este el supuesto conceptual de dicha instalación. La cinta una disección sobre la cruda realidad en sociedades súper desarrolladas, su verdadera incomunicación, deshumanización e indolencia, la de una clase social pudiente e insensible, pero además es un llamado a la necesidad de entendimiento y reflexión sobre el arte, la misión de las galerías, las redes sociales y los sectores desprotegidos. La instalación es un ejercicio postmoderno que también juega con su público. Sólo nos queda al final pensarla como un inteligente ejercicio sobre todos los universos: el arte, la condición humana, las redes sociales, el propio discurso lúdico del filme, que pareciera que pasadas las dos horas de metraje no supiera enrumbar su discurso por buen camino. ¿Es The Square» denuncia social o puro ejercicio intelectual postmoderno?, ¿es parodia del arte y sus significados o cine que al final se nos convierte en lo mismo que parodia? Comediante astuto y culto que nos provoca y que no podemos negarlo, transgredir es lo suyo, su cine para no dejarnos a ninguno apáticos ni indiferentes.